Cada vez mas la cirugia plástica sigue ganando aceptación y se ha convertido en algo común, pero inevitablemente existen personas que van más allá
Los adolescentes deberían esperar, al menos, a cumplir 18 años para una operación de estas características
Es por esto que es fundamental la valoración por parte de un médico especialista en Cirugía Plástica Reparadora y Estética, ya que hay situaciones en las que el adolescente puede beneficiarse de un procedimiento quirúrgico hecho tras un adecuado estudio médico previo, y siempre en estrecho contacto con sus padres. Estos o sus tutores deben acompañar al joven en una primera consulta. «Aunque de vez en cuando hay algún adolescente que llega solo y diciendo que tiene dinero para pagarlo», comenta Blanco. «A mi consulta incluso han llegado padres con más interés que el adolescente en que se llevara a cabo la operación», añade Granado.
Cuando esto no ocurre el adolescente y sus problemas pueden ser víctimas de intereses espúrios por parte de facultativos no cualificados, o por negocios poco claros que se ocupan de terrenos fronterizos entre la medicina y la cosmética. «Existe una línea roja muy grande que no se debería traspasar jamás, porque hay veces que ante un no, algunos chavales en estos estratos de edad pueden llegar a acabar en falsos médicos sin escrúpulos», añade el jefe del Servicio de Cirugía Estética del Hospital Sanitas La Moraleja. En los casos en los que Granado, el cirujano plástico del Hospital Nisa Pardo de Aravaca, ha declinado operar, sabe que estos se han acabado operando con otras personas. «Cuestión de ética de cada uno», matiza.
Normalmente, los pacientes, cuando llegan a consulta, «vienen muy filtrados», indica Blanco. Esto ocurre gracias a que existen una serie de procedimientos estipulados para saber si la persona está preparada para una operación de estas características. Hasta los complejos deben depurarse desde el punto de vista médico. «Si lo que se detecta en la entrevista médica es un problema mental, o una actitud de fobia corporal, se derivará al paciente al psicólogo o al psiquiatra», apunta este especialista. Otras veces, pongamos por caso, aunque la joven presente una malformación mamaria en su desarrollo, se debe posponer la operación hasta los dieciocho años. Han llegado casos de niñas de 12 años con mamas tuberosas, por ejemplo. «Es evidente que existe un trastorno físico, pero no se puede operar todavía, porque no ha alcanzado su madurez física y mental. Se le dice que se le operará, pero que tienen que esperar. En estos casos se necesita una colaboración de la familia muy estrecha», concluyó.
Uno de los efectos más temidos del cáncer de mama es perder el pecho, para lo que ya existe infinidad de técnicas con las que reconstruirlo. Ahora, un estudio que acaba de publicar la revista ‘Cancer’ evalúa cual es el impacto de esta intervención en su calidad de vida. Según sus resultados, las mujeres que se someten a esta intervención experimentan cambios muy positivos en su vida, desde el punto de vista psicológico, social y también en el terreno sexual.
“Observamos una significativa mejoría en todos estos aspectos desde la tercera semana tras la intervención de la reconstrucción”, afirman los autores de la investigación, de la Universidad de Toronto (Canadá) y del Memorial Sloan Kettering Cancer Center de Nueva York. Al fin y al cabo, aseguran, el objetivo de esta operación es recuperar la imagen corporal y con ello, su feminidad y su autoestima.
Carmen Yélamos, psicooncóloga y directora de la Fundación del Instituto Madrileño de Oncología (IMO), lo explica así: “Además de estar ligado a la maternidad, también se ha asociado a la sexualidad. Es un símbolo erótico y de atractivo que la sociedad y la mujer actual valoran mucho. Por eso, el impacto de la pérdida es mayor. No sólo porque la ausencia del pecho recuerda todo lo que es la enfermedad sino porque está relacionada con el daño directo a la imagen femenina, a la autoestima y la seguridad”.
A diferencia de los estudios realizados hasta la fecha, la investigación de la revista ‘Cancer’ “se ha centrado mucho en el bienestar sexual de la paciente mastectomizada”, subraya Joan Fontdevila, jefe del servicio de Cirugía Plástica del Hospital Clínic de Barcelona.
En muchas ocasiones, afirma la psicooncóloga, las relaciones sexuales se ven afectadas. “Suele disminuir la frecuencia de estos encuentros y se reduce el deseo sexual de la paciente”. A esto se suma que “se sienten menos deseadas por su pareja”. Sin embargo, “no es que la pareja no las desee o las rechace sino que quiere darle tiempo, no agobiarla, ni ser egoísta. Tiene miedo a hacerla daño. Se forma una conspiración de silencio que daña las relaciones sexuales”.
Para evaluar este aspecto y otros de la calidad de vida de la paciente, el equipo de investigadores, liderado por Toni Zhong, del programa de reconstrucción mamaria del Hospital de Toronto, analizó los casos de 51 mujeres que se sometieron a esta intervención entre junio de 2009 y noviembre de 2010. Para homogeneizar los resultados, se seleccionaron a las pacientes que se sometieron a una misma técnica: la que consiste en usar tejido propio del abdomen.
Existen otras alternativas, a partir del músculo dorsal de la espalda y las prótesis, pero la del abdomen “es la más compleja y la que consigue resultados más naturales”, señala Jaume Masiá, presidente de la Sociedad Española de Cirugía Plástica y Reparadora (SECPRE). Todavía “no se realiza en todos los hospitales públicos. De todas las reconstrucciones que se hacen, las que utilizan tejido del abdomen no llegan al 50%”.
Requieren personal muy experimentado, muchas horas de quirófano y dos equipos de cirujanos. “En el tiempo que se realizan cuatro o cinco reconstrucciones mamarias con otras técnicas, con la del abdomen sólo se puede hacer una”, asegura el doctor Fontdevila. Además, no está indicada en todas las pacientes, el cirujano debe valorar cada caso.
Como apunta Jaume Masiá, “la mujer debe tener tejido suficiente en la zona de la barriga, las arterias tienen que estar en buen estado y su salud general debe ser bueno como para aguantar las seis horas de operación”, explica Masiá. Está contraindicado en las grandes fumadoras y en muchos casos de diabetes.
Los resultados son muy buenos. Según Masiá, “el tacto de la mama es natural y ésta evoluciona al compás del resto del cuerpo. Puede adelgazar o engordar cuando lo hace la mujer. Además, dura para toda la vida. Las prótesis, sin embargo, pueden romperse y tienen fecha de caducidad (unos 10-15 años)”.
Pero la del abdomen es una de la infinidad de técnicas y todas permiten reconstruir la mama con resultados satisfactorios. La elección depende de las circunstancias de cada individuo. “Sería interesante estudiar también el grado de satisfacción con otras alternativas de reconstrucción mamaria. Podría ser distinto. Son técnicas más simples, quizás con resultados menos naturales, pero conllevan menos horas de quirófano y, por lo tanto, puede que el proceso general resulte menos traumático”, señala el cirujano plástico Fontdevila.
En cualquier caso, sea cual sea la técnica, las mujeres que se someten a la reconstrucción del pecho están satisfechas, asegura la psicooncóloga Yélamos. “Sobre todo son las jóvenes se suelen decidir a hacerlo. Recuperan su imagen, su identidad femenina y su autoestima. Mejora su seguridad, reconstruye el equilibrio psicológico, sus relaciones sociales y también las sexuales, en las que empiezan a tomar la iniciativa”.
Hay mujeres, sobre todo a partir de ciertas edades, en las que las relaciones sexuales y el atractivo físico quedan en un segundo plano. “Para ellas, la reconstrucción mamaria no es algo prioritario, no quieren volver al quirófano si no es necesario, tienen el apoyo de sus parejas y tienen una vida afectiva y sexual normal”, argumenta la experta Yélamos. No hay que olvidar que se trata de una opción terapéutica disponible sólo si la mujer está interesada. “Es importante que sea ella quien tome la decisión”.
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Los padres de niños con obesidad extrema deberían perder temporalmente la custodia por la falta de control del peso de sus hijos
Eso fue lo que plantearon especialistas en una propuesta inquietante por el estigma de una mayor intervención del gobierno en la vida privada.
Sin embargo, la proposición tiene al parecer el apoyo de un discreto conjunto de voces que consideran necesaria la intervención gubernamental en casos excesivos.
“En condiciones ideales, (la participación estatal) apoyará no solamente al niño, sino a toda la familia”, dijo el médico David Ludwig, especialista en obesidad del Hospital Infantil de Boston que está afiliado a la escuela de Harvard, en un artículo publicado en la Revista de la Asociación Médica Estadounidense en la edición del miércoles.
Unos dos millones de niños en Estados Unidos son obesos en extremo. La mayoría, indicó Ludwig, no está en riesgo inminente.
Stormy Bradley, que tiene una hija de 14 años con sobrepeso, participa en una campaña contra la obesidad de los menores en el estado de Atlanta. Bradley expresó que comprende a las familias que tienen problemas legales por el peso de sus hijos.
El meollo no es culpar a los padres, sino actuar en favor de los niños y asistirlos en lo no pueden sus padres, señaló Ludwig, quien redactó el artículo con Lindsey Murtagh, abogada e investigadora de la Escuela de Salud Pública de Harvard.
Pero el especialista bioética Art Caplan, de la Universidad de Pensilvania, observó que el debate implica una fuerte carga de responsabilidad en los progenitores. Los niños obesos son víctimas de la publicidad, la mercadotecnia, la emulación entre amigos y el acoso en escuelas, situaciones fuera del control paterno, explicó.
Jerri Gray, madre soltera que hace dos años perdió la custodia de su hijo de 14 años que pesaba casi 252 kilos (555 libras), estimó que las autoridades no entienden las complicaciones de las familias al tratar de controlar el peso de los hijos.