El 95 por ciento de las mujeres tiene asimetría mamaria, aunque aproximadamente entre el 10 y el 15 por ciento necesita someterse a una operación de cirugía estética para corregirlas
Un grupo de expertos del Departamento de Salud Reino Unido que ha estado investigando las consecuencias de los implantes mamarios PIP en dicho país ha concluido que la silicona utilizada en estas prótesis no supone un riesgo significativo a largo plazo para las mujeres portadoras
A pesar de que los implantes conllevan un alto riesgo de rotura, la silicona no es tóxica ni cancerígena, tal y como se había sospechado en un principio cuando saltó el escándalo de estos implantes fabricados por la compañía francesa Poly Implant Prothèses (PIP), que generaron una alarma mundial ya que fueron exportadas unas 300.000 prótesis a múltiples países, sobre todo de Sudamérica y Europa.
El estudio, que ha analizado 240.000 implantes de diferentes marcas de Reino Unido, Francia y Australia, ha comparado sus resultados con los de los análisis realizados a los implantes PIP extraídos en 5.6000 operaciones. Los datos no muestran evidencias de que el relleno de las prótesis PIP pudiera dañar las células o causar mutaciones genéticas. Las pruebas de Australia y Francia tampoco encontraron evidencia de que pudiera generar irritación de la piel, contradiciendo así los resultados preliminares de las autoridades sanitarias francesas.
El informe final del grupo británico afirma que, después de 10 años, los implantes PIP tuvieron una probabilidad de rotura entre el 15% y el 30%, mientras que esa tasa, para otras prótesis, se sitúa entre el 10% y el 14% para el mismo plazo de tiempo.
Tal y como explica el profesor Bruce Keogh, director médico del Servicio Nacional de Salud (NHS) del Reino Unido, quien dirigió esta revisión, sus investigaciones analizaron todos los datos sobre rotura, los estudios clínicos de implantes extraídos y los análisis de la composición química del gel de silicona utilizado para las PIP. “El material de estos implantes no revela nada que pueda suponer una amenaza para la salud humana a largo plazo. No son tóxicos y no son cancerígenos”, afirman en su informe.
No obstante, los estudios han demostrado que cuando los implantes se rompen pueden causar irritación en la zona de la rotura en algunas mujeres, que pueden generar síntomas de dolor o inflamación de los ganglios linfáticos pero, que según estos expertos, no derivan en ningún daño grave.
Esta incertidumbre “ha provocado una época increíblemente preocupante para las mujeres. Por esto hemos revisado toda la evidencia disponible para poder darles la mejor recomendación clínica posible. Por lo que les aconsejamos que aquellas mujeres que tengan síntomas de rotura -por ejemplo, dolor, zonas blandas o bultos- que hablen con sus cirujanos o su médico de cabecera. Y les pediría a todos los médicos de familia que remitan a las pacientes que estén preocupadas sobre sus implantes PIP a un especialista”, afirma Keogh.
“Sinceramente espero que esto ayude a asegurarles a estas mujeres que su salud a largo plazo no está en riesgo”, explica este experto.
Por su parte, el doctor Fazel Fatah, presidente de la Asociación Británica de Cirujanos Plásticos y Estéticos, afirma que a pesar de las pruebas realizadas, el hecho es que las prótesis PIP tienen un riesgo significativamente mayor de rotura o filtración, lo que causa reacciones físicas en una proporción inaceptable de pacientes. Estamos de acuerdo con los resultados del informe que indican que la ansiedad en sí misma es una forma de riesgo a la salud, y por lo tanto es totalmente razonable que las mujeres tengan el derecho a optar por una extracción”.
Aunque en otros países, como en Inglaterra, las autoridades sanitarias se han comprometido a abonar la sustitución de esos implantes a las pacientes que se los pusieron en la sanidad pública, en España, la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios (AEMPS), sólo se ha comprometido a localizar a las pacientes que los portan y citarlas para una visita de seguimiento.
Un aniversario muy popular
El aniversario de esta cirugía se cumple rodeado de cierta polémica ya que hace unos meses se conocía que una empresa francesa, Poly Implant Prothèse (PIP), había fabricado unos implantes mamarios defectuosos.
A pesar de estos problemas, la operación de implantes mamarios sigue gozando de buena salud. Según datos de 2010 de la Sociedad Internacional de Cirujanos Plásticos y Estéticos,Estados Unidos es el país donde más operaciones de pecho se realizan, seguido de Brasil, México, Italia, China, Colombia, India, Francia, Japón y Alemania.
No solo es utilizado por mujeres que quieren verse con más busto sino también por pacientes que han pasado por una mastectomía debido a un cáncer de mama.
La primera vez fue en Houston
Pero como para todo, hubo una primera vez en el implante mamario de silicona, y eso ocurrió en la primavera de 1962 a Timmie Jean Lindsey, una madre de seis niños, a la que se le realizó la primera operación de aumento de pecho en el hospital Jefferson Davis en Houston, Texas.
En las siguientes dos horas, sus senos aumentaron una talla, pero la cirugía estética daba un gran salto sin saberlo.
Lindsey, hoy de 80 años, recuerda vagamente que “todo salió perfecto. Se sentían suaves, como senos reales”.
Timmie Jean Lindsey tiene muy pocos recuerdos de la operación, solo que “cuando salí de la cirugía había mucho peso sobre mis senos, como si alguien muy grande se hubiese sentado sobre ellos. Pero eso fue todo, después de tres o cuatro días el dolor había desaparecido”.
Lindsey nunca planeó aumentar el tamaño de sus senos, pero fue un placer para ella la nueva atención que generaba en los hombres.
Los pioneros
Muchas mujeres querían aumentar el tamaño de sus senos en los años 50 inspiradas por las figuras curvilíneas de las actrices de la época, como Marilyn Monroe y Jane Russell, por ejemplo. También aparecieron la revista Playboy y la muñeca Barbie, y todo ello comenzó a jugar un papel muy importante en la sociedad occidental.
Los corpiños con aumento eran populares, pero las mujeres ahora querían algo más. Por aquellos años, muchos métodos fueron estudiados para incrementar el tamaño de los senos como insertar implantes de esponja.
La técnica de la esponja funcionó bien al principio pero no duró demasiado pues estas encogían y pronto se tornaban “duras como pelotas de baseball”.
Pero ya antes se había intentado el aumento de pecho. Hacia 1890 se probó con inyecciones de parafina, pero se abandonó por que se colaba a otras partes del cuerpo.
En los años 20 y 30 los médicos trataron de añadirle a los pechos grasas de otras partes del cuerpo. En los 50 se probó con poliuretano, cartílago, esponjas madera e incluso bolas de vidrio. También con soluciones no quirúrgicas como lociones, pociones y con sostenes rellenos e inflables.
Pero fueron dos cirujanos, Frank Gerow y Thomas Cronin, los pioneros del implante mamario de silicona, y su primer conejillo de indias fue una perra llamada Esmeralda a la que se le colocó el implante debajo de su piel un par de semanas. Luego tuvieron que sacárselo cuando comenzó a morderse los puntos de sutura. La operación, sin embargo, fue un éxito.
Los doctores estaban contentos con su trabajo, pero en ese momento, Biggs no podía imaginar la relevancia que iba a tener lo que habían hecho.
La importancia de la operación comenzó a hacerse patente cuando Cronin presentó el trabajo ante la Sociedad Internacional de Cirujanos Plásticos en Washington DC, en 1963.
Sin embargo, no fue en Estados Unidos donde la silicona fue utilizada por primera vez para aumentar el tamaño de los senos, sino en Japón, y las primeras en usarla fueron al parecer las prostitutas durante la Segunda Guerra Mundial.
Se dice que tratando de sacar la mayor ganancia posible con las tropas de ocupación estadounidense, las meretrices se inyectaban silicona (robada de los puertos de Yokohama) directamente en sus pechos.
Estas inyecciones provocaron un doloroso efecto secundario conocido como “putrefacción de silicona”, que era una gangrena en el pecho alrededor del lugar donde entró la aguja.
Los primeros implantes de silicona en EE.UU. evitaron esta fase, pero tampoco fueron completamente inmunes a los problemas. Los hematomas fueron uno de los primeros inconvenientes. También se produjeron infecciones y “contracciones fibrosas capsulares”.
Incluso hoy día, muchas mujeres mantienen en secreto su operación, igual que lo hizo por muchos años Timmie Jean Lindsey que ahora, aunque feliz durante 50 años con los resultados, reconoce que nada puede detener el tiempo, que uno cree que va a estar siempre perfecta, pero no, son como senos comunes, con los años comienzan a caerse.
Fuente: Suite101.net